![]() | La Única Chica Título original: The only girl. My life and times on the masthead of Rolling Stone Autor: Robin Green Traducción: Patricia P. González-Barreda Editorial: Liburuak Año: 2018 DE REDACTORA EN ROLLING STONE A GUIONISTA EN LOS SOPRANO |
Aunque, a principios de los años 70, firmara algunos de los artículos más reseñables de la edad de oro de Rolling Stone -como el reportaje sobre Dennis Hopper en Nuevo México-, Robin Green jamás fue reconocida en la revista como realmente se mereciera. Auténtica especialista en retratar al sujeto con una inalterable energía, no duró mucho en aquel selecto círculo del Nuevo Periodismo Americano. Fue expulsada por su fundador, Jann Wenner, al negarse a cumplir un encargo acerca de uno de los Kennedy. Un acontecimiento que quedaría marcado para siempre en el imaginario de la prensa musical mundial.
Con el paso del tiempo, ya como guionista y productora de televisión, Green recibió tres premios Emmy y dos Globos de Oro por su trabajo en las series Doctor en Alaska y Los Soprano. Además, participó como guionista en A Year in the Life y Almost Grown y fue creadora de Blue Bloods.
A través de un texto lleno de humor, brutalmente honesto, el libro cuenta los inicios de su carrera, su reinvención como escritora y mujer, y su absoluto triunfo en una profesión de hombres.
Un intenso camino dedicado a sobrevivir e imponerse hasta la victoria final.
ROBIN GREEN es una galardonada guionista y productora de televisión conocida por su trabajo como productora ejecutiva y guionista de Los Soprano, de HBO, y por crear, junto a su marido Mitchell Burgess, la serie dramática de la CBS Blue Bloods, actualmente en su decimotercera temporada. Es exalumna de la Universidad de Brown y posee el máster en Bellas Artes del Programa de Escritura Creativa de la Universidad de Iowa. Green vive en Nueva York con Mitch y su perrito Silenzio.
Con el paso del tiempo, ya como guionista y productora de televisión, Green recibió tres premios Emmy y dos Globos de Oro por su trabajo en las series Doctor en Alaska y Los Soprano. Además, participó como guionista en A Year in the Life y Almost Grown y fue creadora de Blue Bloods.
A través de un texto lleno de humor, brutalmente honesto, el libro cuenta los inicios de su carrera, su reinvención como escritora y mujer, y su absoluto triunfo en una profesión de hombres.
Un intenso camino dedicado a sobrevivir e imponerse hasta la victoria final.
ROBIN GREEN es una galardonada guionista y productora de televisión conocida por su trabajo como productora ejecutiva y guionista de Los Soprano, de HBO, y por crear, junto a su marido Mitchell Burgess, la serie dramática de la CBS Blue Bloods, actualmente en su decimotercera temporada. Es exalumna de la Universidad de Brown y posee el máster en Bellas Artes del Programa de Escritura Creativa de la Universidad de Iowa. Green vive en Nueva York con Mitch y su perrito Silenzio.
Aunque Robin Green debe fundamentalmente su fama y su prestigio a su etapa como guionista de la serie televisiva Los Soprano, yo la conocí unos cuantos años antes como firmante de los guiones de un puñado de (brillantes) episodios de Doctor en Alaska. Esta autobiografía, cuyo título original remite a sus inicios como redactora de la revista Rolling Stone a princpios de la década de los 70 y que presentó en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid hace un par de años, parece principalmente consagrada durante su primera mitad a contarnos a los lectores lo tremendamente buena que estaba en aquella época y a cuántos señores se cepilló por el camino. Sí, algo se cuenta también de sus años en Rolling Stone, pero casi como un mero decorado para sus ambientar sus conquistas. Ya en el último tercio del relato sí dedica más tiempo a su trabajo como guionista de televisión, campo en el que incursionó junto con su marido, Mitchell Burgess, casi por azar. Supongo que es inherente al hecho de escribir una autobiografía el tener un ego del tamaño de Australia, pero no es lo mismo que presuma de ego Frank Capra a que lo haga Robin Green. Pese a todo, el libro es ameno y confirma algo que era fácilmente intuible: que David Chase es una mierda de persona.










