![]() | Mala Hierba Título Original: Come morning Autor: Joe Gores Editorial: Ediciones B / Cosecha Roja Traducción: Cristina Macià Año: 1986 |
El aficionado y estudioso ya ha oído hablar de Joe Gores. Ya se sabe que, junto con Jerome Charyn, Bill Pronzini, Roger Simon y algunos otros, Gores es uno de los representantes de la nueva hornada de la novela negra norteamericana. Por su serie DKA (Dan Kearny Associates, de la que tendremos ocasión de hablar aquí, cuando publiquemos las títulos que la componen), todo el mundo coincide en otorgarle la sucesión del veterano Ed McBain.
Desde mi punto de vista, sin embargo, en Gores hay mucho más que eso.
Anto todo, hay una técnica depuradísima, producto de un profundo conocimiento de los grandes maestros y de una elaboración minuciosa de este aprendizaje.
Y, en segundo lugar, hay una extraordinaria capacidad de prospección en el alma humana, la rara habilidad de conseguir que a un personaje prototípico «le crezca un alma».
Estudioso de los clásicos, ha aprendido de Jim Thompson la habilidad de recrear la personalidad de difíciles personajes psicopáticos con sólo contar lo que hacen; ha heredado de Chester Himes la capacidad de elaborar un discurso al margen de las convenciones del lector y, a pesar de ello (o precisamente gracias a ello), resultar convincente; y finalmente atribuyo la concisión y la contundencia de su discurso, sin duda, al maestro Hammett, a quien él mismo rindiera homenaje en la novela Hammett, que Wim Wenders llevó al cine. ANDREU MARTÍN
Joseph N. Gores nació el 25 de diciembre, día de Navidad de 1931, en Rochester (Minnesota). Master de Artes por la Universidad de California en 1961, ejerció los trabajos más diversos e insólitos: leñador, administrativo, chófer, director de motel, monitor de gimnasia, profesor de inglés en Kenia... y, sobre todo, detective privado durante once años.
Desde 1968 se dedica a la literatura. Con A time of predators (1969) recibió el prestigioso Premio Edgar del 70. Otras de sus obras son Dead skip (1972), Final notice (1973), Interface (1974), Hammett (1975) y Gone, no forwarding (1978). Come morning data de 1986. Ha escrito también numerosos guiones de cine y televisión.
Desde mi punto de vista, sin embargo, en Gores hay mucho más que eso.
Anto todo, hay una técnica depuradísima, producto de un profundo conocimiento de los grandes maestros y de una elaboración minuciosa de este aprendizaje.
Y, en segundo lugar, hay una extraordinaria capacidad de prospección en el alma humana, la rara habilidad de conseguir que a un personaje prototípico «le crezca un alma».
Estudioso de los clásicos, ha aprendido de Jim Thompson la habilidad de recrear la personalidad de difíciles personajes psicopáticos con sólo contar lo que hacen; ha heredado de Chester Himes la capacidad de elaborar un discurso al margen de las convenciones del lector y, a pesar de ello (o precisamente gracias a ello), resultar convincente; y finalmente atribuyo la concisión y la contundencia de su discurso, sin duda, al maestro Hammett, a quien él mismo rindiera homenaje en la novela Hammett, que Wim Wenders llevó al cine. ANDREU MARTÍN
Joseph N. Gores nació el 25 de diciembre, día de Navidad de 1931, en Rochester (Minnesota). Master de Artes por la Universidad de California en 1961, ejerció los trabajos más diversos e insólitos: leñador, administrativo, chófer, director de motel, monitor de gimnasia, profesor de inglés en Kenia... y, sobre todo, detective privado durante once años.
Desde 1968 se dedica a la literatura. Con A time of predators (1969) recibió el prestigioso Premio Edgar del 70. Otras de sus obras son Dead skip (1972), Final notice (1973), Interface (1974), Hammett (1975) y Gone, no forwarding (1978). Come morning data de 1986. Ha escrito también numerosos guiones de cine y televisión.
El recientemente fallecido Joe Gores fue candidato al Premio Edgar por esta novela publicada en 1986 que está protagonizada por un atracador llamado Runyan que acaba de cumplir una condena de ocho años por robo de diamantes. Su puesta en libertad provoca que unos cuantos rufianes de diversa condición decidan hacerle la vida imposible al querer recuperar el botín que ha permanecido oculto durante todo este tiempo. Gores repite su habitual estilo narrativo y hace progresar la historia a través de mecanismos ya conocidos. En esta ocasión deja más espacio a la psicología de sus personajes, lo que eleva el tono general de la obra.

Joseph N. Gores en Aventura En La Isla
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