lunes, 3 de febrero de 2014

Informe Del Interior, de Paul Auster

Informe Del Interior

Título original: Report from the interior
Autor: Paul Auster
Traducción: Benito Gómez Ibáñez
Editorial: Anagrama
Año: 2013


Paul Auster, en paralelo a sus novelas, ha ido publicando algunos textos en los que indaga desde ángulos diversos en su propia vida y en los procesos íntimos de su escritura. Esta nueva entrega de textos autobiográficos es el complemento perfecto del reciente Diario de invierno. Si en dicho volumen el arte y el envejecimiento tenían un papel central, ahora el foco se centra en la infancia y la primera juventud, en la construcción de la personalidad y en el origen primigenio del ímpetu de escribir, de profundizar en el mundo a través de las palabras.

Informe del interior es una suerte de rompecabezas compuesto por cuatro piezas independientes, que sumadas esbozan un retrato. En la primera Auster aborda su infancia hasta los doce años a través de una sucesión de viñetas: los dibujos animados que veía en la televisión, la huella que le dejó La guerra de los mundos, el sentido de culpa, las primeras lecturas –libros infantiles, después Poe y Sherlock Holmes–, el descubrimiento del peso de las palabras, la fascinación por los héroes americanos –Edison, ciertos jugadores de fútbol americano...–, el béisbol, los problemas de convivencia de sus padres, los amigos de la infancia, la Guerra Fría, el descubrimiento de la condición de judío, la primera vez que, con ocho años, se separa de sus padres para ir a un campamento de verano, las primeras historias que escribe, las novelas que va descubriendo, como El doctor Zhivago, La ciudadela o Mansiones verdes, un primer amor infantil, una competición de lectura en el colegio en la que cada alumno apunta los libros leídos y él apunta tantos que el profesor cree que miente...

El segundo texto se centra en dos películas que de niño le causaron un impacto enorme: una de ciencia ficción, El increíble hombre menguante, de Jack Arnold, y una policíaca, Soy un fugitivo, de Mervyn LeRoy. En el tercero salta a la primera juventud y entre los recuerdos se van intercalando las cartas que le enviaba a su novia y después primera esposa, Lydia Davis. Son los años de estudiante en Columbia y los posteriores en París, el periodo de las primeras tentativas serias de escritura, los estímulos intelectuales, los anhelos, las incertidumbres ante el futuro, la soledad en la Ciudad de la Luz, el amor… La cuarta parte está construida mediante una sucesión de imágenes –de películas, de ciudades, de anuncios…– que forman una suerte de fragmentaria memoria de infancia y juventud.

El resultado es un libro fascinante, una nueva muestra del desbordante talento de Paul Auster, que en esta ocasión se sumerge en su propia vida y sus propios fantasmas. Un estimulante ejercicio de escritura autobiográfica en el que el autor reflexiona sobre sí mismo y escribe un Informe del interior.

«La interacción de memoria, identidad e imaginación creativa forja este retrato del artista adolescente, un libro de memorias que los ávidos lectores del escritor encontrarán particularmente absorbente… Auster ha presentado muchas veces la vida como un rompecabezas; aquí reúne algunas piezas significativas y reveladoras» (Kirkus Reviews).

«Un libro sobre el proceso de maduración en el que muchos se verán reflejados» (Library Journal).

Paul Auster nació en 1947 en Nueva Jersey y estudió en la Universidad de Columbia. Tras un breve perí­odo como marino en un petrolero, vivió tres años en Francia, donde trabajó como traductor, «negro» literario y cuidador de una finca; desde 1974 reside en Nueva York. Galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2006 por su carrera literaria.


Después de un largo peregrinar en el desierto con novelas insustanciales que duraba ya demasiados años, Paul Auster publicó en 2012 Diario de invierno, un libro de memorias con el que recuperaba su mejor nivel narrativo. Su reciente Informe del interior se presentaba como una suerte de continuación de aquél pero enseguida deja claro que su grado de inspiración es radicalmente opuesto. Estructurado en cuatro partes independientes, cada una peor que la anterior pero mejor que la siguiente, tan sólo en su primer tramo tiene un cierto interés, aunque algunos de los hechos ahí narrados ya habían sido contados antes. En su segunda parte reincide con su molestísima y reciente costumbre de spoilear películas sin rubor alguno y en este caso destripa al lector durante más de cincuenta páginas el argumento íntegro de El increíble hombre menguante, el clásico de Jack Arnold, y Soy un fugitivo, de Mervyn LeRoy. El tercer bloque es una pesada sucesión de cartas escritas durante sus años universitarios a la que luego sería su primera esposa y que lo retratan sin asomo de pudor como un joven esencialmente insufrible. Finaliza este disparate un álbum de fotos, pero no son fotos personales sino una suerte de collage de algunos de los hechos y momentos de la época descritos en las páginas previas. En resumen, un volumen que no sólo no aporta nada a la carrera literaria del escritor (algo en lo que no se diferencia de todas sus novelas de ficción posteriores a Brooklyn Follies) sino que resta al autor de trabajos tan brillantes como El palacio de la luna o Leviatán.


Paul Auster en Aventura En La Isla

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